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17 dic 2021

2 dic 2019

Palustre

Tributo al obrero bogotano:

Desde mi ventana, Bogotá se ve como un pesebre gigante.
Cuando era niño, la veía lejana, pero ahora la ciudad se acercó a mi casa, convirtió mi loma en barrio y nos acogió como parte de ella.
En las noches claras, sigo mirando las luces del primer edificio que mi abuelo ayudo a construir. Era albañil, “Palustre” le decían, y con ese apodo también se quedó mi papá y así me dicen a mí, ahora que sigo su legado.
—Bien pegadito y con amor —me decía mi viejo. —porque con cada ladrillo que pones, ayudas a construir esta gran ciudad.

Imágen del blog: historiasparameditar.blogspot.com

Microrelato en cien palabras, presentado en el concurso Bogotá en cien palabras en el año 2019

6 nov 2019

Si la Calle Real hablara...

Tributo a la carrera séptima de Bogotá, en cien palabras:
Si la calle real hablara, daría cuenta de un conquistador triste que afanosamente fundó un pueblo donde ya había otro, construyendo a la vera ermitas y casas blancas, que se iban repitiendo hasta convertirse en urbe.

Contaría que fue un camino precolombino, que ha visto pasar indígenas descalzos,  jinetes españoles, carruajes de virreyes, juglares y saltimbanquis.

Contaría que vio pasar mulas tirando un tranvía, turbas incendiarias que el tiempo apaciguó, hordas de hombres en cajas de metal botando humo que se desvanece en las arboledas de los cerros orientales, que imponentes cual colosos custodian en silencio un gigante mientras duerme.

Imagen de archivo http://bogota.gov.co
Microrelato en cien palabras, presentado en el concurso Bogotá en cien palabras en el año 2018

7 jul 2019

Redención

Microrelato en cien palabras.

Mañana cumplo treinta años, y una sentencia de catorce por hurto y homicidio.
Cuento las horas que faltan para recuperar el mundo que perdí, en el extravío de mi adolescencia.
Desde mi traslado de la correccional de menores, he transitado por varias cárceles como Dante entre los círculos del infierno. En uno de esos conocí a Virgilio; un viejo sabio que recitaba prosa, en un patio rodeado de criminales como yo y otros peores, que alienaban su espíritu ante sus relatos y discursos persuasivos. Oyéndole, comprendí que mi redención empezó desde el mismo día de mi delación. Gracias mamá.

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5 nov 2018

Ya no repican las campanas

"Relato sobre la prosperidad de una nación y el exterminio de un pueblo"

Don Pascual camina con parsimonia apoyado en su bastón de viejo, arrastrando sus pies artríticos hasta llegar al portón de la iglesia antes de las ocho, y levanta la mirada, como buscando a Dios entre las rendijas de la enorme mole de roble que permanece hermética, como si nunca se hubiera abierto. La misa de ocho era lo único que le quedaba, pero el cura también se había ido y nunca le llegó reemplazo.
Repite la rutina todos los días, como si fuera la primera vez.

18 ago 2018

Por qué el seudónimo Ham Bashur


La grandeza de un escritor se mide por la trascendencia de su obra, y hay algunos que han logrado que ésta trascienda más que su propio nombre. 
Se nombra más al Quijote que a Cervantes, más a Hamlet que a Shakespeare y a otros inmortales que han quedado acompañando la humanidad para siempre: Madame Bovary, Ana Karenina, Dorian Grey, Drácula,  etc.
Cuando un escritor logra eso,  trasciende, también  se vuelve inmortal.
Mi seudónimo Ham Bashur, es un tributo a William Shakespeare y a Alvaro Mutis. El uno, trascendental, universal, el otro no tanto, sin embargo disfruté mucho leyendo su obra: la saga de Maqroll el Gaviero, en la que el personaje principal es Maqroll, pero el que me gusto más fue Abdul Bashur.

14 ago 2018

Escribir en la sombra

“Quiero ser escritor”, es el único que recuerdo de mis más tempranos deseos.  Pero las circunstancias me llevaron a hacerme ingeniero informático para “ganarme la vida”.

Sin embargo la pasión por la literatura no ha menguado, ni siquiera con los sermones de un primo al que admiraba en mis días de estudiante. “Eso no sirve pa nada”, me dijo una vez que me pillo leyendo un libro de Humberto Eco.

Ni ahora, que la cotidianidad me engulle y el tiempo de lectura lo debo dedicar a actualizarme permanentemente en mi nicho tecnológico, para estar al día en mi quehacer profesional.

Así que la pasión por las letras no es por influencia familiar ni mi entorno cultural, sino por algún extraño capricho que me ha  llevado contra la corriente.

Recuerdo que en mi mochila de libros, entre “Sistemas operativos de Tanembaum” o el “cálculo de Swokowsky”, siempre se me colaba un libro de Alvaro Mutis, Saramago o Julio Cortázar, que estaba de moda en esos días porque recién se había muerto.

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